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El dia uno: Yeshua la luz del primer dia

Apr 04, 2026 | Parte III, SERIE I: El Misterio de la Creación

Génesis 1:3-5 3 Entonces Elohim dijo: “¡Sea la luz!”; y hubo luz. 4 Elohim vio que la luz era buena, y Elohim separó la luz de la oscuridad. 5 Elohim llamó a la luz “Día,” y a la oscuridad llamó “Noche.” Así fue la tarde y fue la mañana: el Día Uno.. (vayomer Elohim yehi or vayehi or vayar elohim et ha’or ki tov vayavdel elohim beyn ha’or uveyn hajoshej vayikra elohim la’or yon velajoshej kara laylah vayehi erev vayehi voker yom ejad)

 

 

1. Y DIJO: וַיֹּאמֶר (VAYÓMER)

 

Raíz: אָמַר (amar)

 

En hebreo bíblico, Vayómer no expresa solo el acto de hablar, sino una palabra que crea y establece, ordena, es pronunciar con autoridad, es una voz que ordena, porque procede del mismo Eterno. Cada vez que en el relato de la creación aparece “Y dijo Dios”, se manifiesta la potencia de Su palabra que separa, ordena y da propósito, manifestando Su Soberanía y autoridad.

 

El verbo amar en hebreo, implica intención y dirección: Dios no conversa, decreta. No hay en su palabra vacilación ni duda; lo que Él dice ocurre. Así lo confirma :

 

Salmo 33:9: “Porque Él habló y fue hecho; Él mandó y existió.”

 

En el capítulo 1 de Génesis, la expresión “Y dijo Dios” (וַיֹּאמֶר אֱלֹהִים) se repite 10 veces (versículos 3, 6, 9, 11, 14, 20, 24, 26, 28 y 29), marcando un paralelo con las Diez Palabras o mandamientos dados más tarde en el Sinaí. Así como en la creación Su voz estableció el orden del cosmos, en la Torá Su palabra establece el orden moral y espiritual del mundo.

 

Cada “Y dijo” abre un nuevo acto creativo, mostrando que la palabra de Dios es el instrumento por el cual todo fue hecho, tal como declara el Salmo 104:2: “El que se cubre de luz como de vestidura, que extiende los cielos como una cortina.”

 

Nos podemos preguntar y quién era esa voz? La respuesta la encontramos en :

 

Juán 1:1-4 En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho. En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres.

 

Yeshua es esa voz, y Su voz sigue siendo la misma que al principio: poderosa, creadora y viva.

 

2. YESHUA, LA LUZ PREEXISTENTE

 

Desde el principio, el Verbo eterno ya estaba allí. Él es la Luz preexistente, la manifestación visible del orden de Dios.
Juan 1:1–5 “En el principio era el Verbo… En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.”

 

2 Corintios 4:6 “Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo.”

 

La expresión hebrea יְהִי אוֹר (Yehi Or) ,“Sea la luz”, marcó el inicio de la revelación divina. Esa luz no era solar, sino espiritual y eterna, la Luz del Mesías. Una emanación del Eterno, de Su misma esencia.

 

Yeshua mismo dijo: Juan 8:12 “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas.”
Apocalipsis 21:23 “La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella, porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera.”

 

En Yeshua no hay oscuridad, esa Luz del primer día, regresará para alumbrar toda la humanidad.

 

Desde el día uno, la Luz del Cordero rompió el caos. Donde había vacío y oscuridad, la Palabra trajo orden y propósito. Esa misma Luz sigue hoy restaurando las vidas que se rinden a Él.

 

La luz del primer día es la luz del Mesías, anterior a toda fuente física. No es brillo natural, sino revelación divina, el resplandor de la presencia de Yeshúa que hace visible la verdad y sostiene la creación.

 

 

3. Separó Dios la luz de las tinieblas

 

Antes de iluminar, separa , así la separación no fue enemistad, sino definición, Dios llamó a la luz “día” (יוֹם yom) y a las tinieblas “noche” (לַיְלָה laylah). Así estableció la diferencia entre claridad y oscuridad, entre orden y caos.

 

El Mesías vino a marcar esa misma línea entre luz y oscuridad espiritual, entre verdad y engaño, entre vida y muerte, entre obediencia y pecado.

 

Isaías 9:2 / Mateo 4:16 “El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; sobre los que habitaban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció.”

 

4. NOMBRAR ES DAR IDENTIDAD Y PROPÓSITO

 

Cuando Elohim nombra, otorga misión. Al llamar la luz “día” y la oscuridad “noche”, asignó a cada una su función: la luz sería principio y medida de la vida; la noche, espacio de reposo y formación. En este acto se revela la unidad operativa del Eterno: el Padre que ordena, el Verbo que declara, y el Espíritu que prepara. Tres manifestaciones, un solo Dios, Ejad (uno). Desde el principio, Dios actúa en comunión: uno en esencia, plural en acción.

 

5. EL DÍA UNO – UNIDAD Y PROPÓSITO

 

El texto no dice “primer día”, sino día uno (yom ejad, אֶחָד), palabra que expresa unidad (Ejad). Desde el inicio, la creación lleva el sello de la unidad divina, que más tarde se manifestará en la plenitud, el séptimo día, símbolo del reposo y la totalidad en el Mesías. Desde el principio, todo apunta al descanso en Él, donde la obra de Dios se completa.

 

6.DIA UNO EN NUESTRAS VIDAS: LA LUZ DEL MESÍAS QUE TRANSFORMA

 

Génesis 1:3–5 no solo relata un hecho cósmico, sino que revela un modelo eterno. Dios mira, declara, separa y nombra, y ese mismo proceso sigue activo en la vida de los que creen. Permite que Su Luz examine tu interior y ordene lo que está mezclado. Deja que Su Palabra te dé identidad y propósito. Acepta los ciclos divinos: la noche también tiene propósito, porque en ella germina la nueva aurora.

 

2 Corintios 4:6 Porque Dios, que mandó que de las tinieblas resplandeciese la luz, es el que resplandeció en nuestros corazones.
El mismo Dios que dijo “Sea la luz” en el Génesis dijo esa misma palabra sobre ti el día que Cristo entró en tu vida. Él no dijo “haya una religión”, sino “haya luz”: revelación, entendimiento, dirección. La luz de Cristo no solo alumbra lo que está bien, también revela el desorden que debe ser restaurado. Pero esa luz no condena: transforma.

 

Jesús no solo estuvo en el principio; Apocalipsis 22:13 Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.
Cada vez que Él entra a una vida, se repite el Génesis:

 

 

Tu historia con Dios es una creación personal. Es el momento en que la Palabra Viva, Yeshúa, dice otra vez: “Sea la luz.”
Efesios 5:8 En otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz.

 

Juan 1:4–5 En Él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz en las tinieblas resplandece, y las tinieblas no prevalecieron contra ella.

 

Las tinieblas han estado presentes desde el principio de los tiempos, pero en los días que vivimos parecen haberse intensificado. Hoy vemos cómo la oscuridad se manifiesta en los pensamientos, el corazón, los sentimientos, las actitudes y en las obras de los hombres. Pablo advirtió de esto con claridad cuando escribió a Timoteo:

 

2 Timoteo 3:1–7 Ahora bien, ten en cuenta que en los últimos días vendrán tiempos difíciles. La gente estará llena de egoísmo y avaricia; serán jactanciosos, arrogantes, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, insensibles, implacables, calumniadores, libertinos, despiadados, enemigos de todo lo bueno, traicioneros, impetuosos, vanidosos y más amigos del placer que de Dios. Aparentarán ser devotos, pero su conducta desmentirá el poder de la devoción. ¡Con esa gente ni te metas! Así son los que van de casa en casa cautivando a mujeres débiles cargadas de pecados, que se dejan llevar por toda clase de pasiones. Ellas siempre están aprendiendo, pero nunca logran conocer la verdad.

 

Estas palabras no describen solo una época antigua, sino la realidad espiritual de nuestro tiempo. Las tinieblas han invadido el pensamiento humano, distorsionando la verdad; se han infiltrado en los corazones, llenándolos de orgullo, indiferencia y falta de amor; han contaminado los sentimientos con resentimiento y codicia; y han alcanzado las obras de las manos, haciendo que muchos vivan solo para sí mismos, sin temor ni reverencia a Dios.

 

Pero en medio de esa oscuridad, la Luz de Cristo sigue brillando. Donde abunda la tiniebla, sobreabunda la gracia. Esa Luz que una vez dijo “Sea la luz” en el principio, hoy vuelve a hablar sobre nosotros para arrancarnos de la oscuridad y hacernos resplandecer como hijos del día.
Romanos 13:12 La noche está avanzada, y se acerca el día; desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz.

 

Esa Luz de Yeshua, quien es el Principio y Primicia , permanece para siempre. Él vino a disipar las tinieblas del alma: la soledad, el pecado, el dolor, la falta de perdón y toda obra de la carne.
La Luz del Mesías rompe con las prácticas que el Eterno aborrece la idolatría, la hechicería, la brujería y toda forma de engaño espiritual, trayendo libertad, pureza y restauración.

 

Isaías 9:2 El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos.
Juan 8:12 Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida.
Efesios 5:11 No participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas.
Colosenses 1:13 Él nos libró del poder de las tinieblas y nos trasladó al reino de su Hijo amado.

 

Como portadores de esa Luz que es Cristo en nosotros, estamos llamados a alumbrar como lámparas encendidas en medio de quienes nos rodean. No fuimos creados para ocultar esa luz, sino para reflejarla.

 

Mateo 5:14–16 Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa. Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.

 

El día uno nos enseña que para que la luz brille, primero debe haber una separación de las tinieblas, solo cuando somos apartados, podemos tomar nuestra verdadera identidad en Cristo y reflejar Su luz.

 

Somos llamados a ser esa lámpara encendida en medio de un mundo cubierto por tinieblas; y aunque estemos rodeados de oscuridad, recordemos que la luz de Cristo vino a nuestras vidas para iluminarnos y, a través de nosotros, iluminar a otros.
Filipenses 2:15 Para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo.

 

Mantengámonos bajo la cobertura de esa Luz, porque separados de Él la lámpara se apaga. Pero unidos al Mesías, la Luz verdadera sigue ardiendo dentro de nosotros, venciendo las tinieblas y extendiendo Su resplandor sobre la tierra.
Juan 12:36 Entre tanto que tenéis la luz, creed en la luz, para que seáis hijos de luz.

 

Deja que esa Luz, la Luz del Mesías ilumine tu camino y transforme tu interior. Que su resplandor disipe las sombras del alma, restaure lo que estaba perdido y encienda en ti la vida del nuevo Génesis: Sea la luz, y la luz fue.

 

7.DIA UNO: YESHUA LA LUZ DE TU VIDA.

 

La Palabra enseña que en los últimos tiempos muchos vivirán en tinieblas, no las físicas, sino las del alma, que son las obras de la carne, el caos interior que apaga la voz del Espíritu. Detente un momento y mira dentro de ti e identifica que tinieblas están presentes aún en tu corazón.

 

 

Estas tinieblas representan el tohu va-bohu del corazón: desorden, vacío y confusión moral.

 

Él es la Luz verdadera, la que no solo alumbra lo externo, sino que penetra hasta lo más profundo del corazón, revelando lo que necesita ser sanado y restaurado.
Donde entra Su Luz, el orgullo se transforma en mansedumbre, la culpa en perdón, la soledad en comunión y el temor en confianza.

 

 

Ahora bien, escudriña tu corazón y descubre la Luz de Yeshua que ya está alumbrando tu corazón, los frutos del Espíritu Santo, Gálatas 5:22-23, que muestra el carácter de Yeshúa reflejado en una vida guiada por Su Ruaj HaKodesh.

 

 

Recuerda no hay tinieblas tan grandes que la Luz de Yeshua no pueda remover.

 

Yeshúa vino para disipar tus tinieblas.

 

PARA REFLEXIONAR.

 

  1. ¿En qué área de tu vida necesitas hoy que la Luz del Mesías resplandezca y transforme lo que tú no puedes cambiar por tus propias fuerzas?
  2. ¿Dónde puedes reconocer que la obra del Ruaj HaKodesh ya está trayendo orden, paz o renovación en tu interior?
  3. ¿Qué tiniebla, un pensamiento, una herida o un hábito, debes poner delante de Yeshúa para que Él la ilumine y la sane por completo?